Glucagón, somatotastina y catecolaminas – Hormonas del ejercicio [4]

La cuarta parte de las hormonas del ejercicio está dedicada a las hormonas glucagón, somatotastina y catecolaminas.

Glucagón

Esta hormona es sintetizada por las células alfa de los islotes de Langerhans en el páncreas, cuando los niveles de glucosa en la sangre decaen a niveles bajos. El nivel sanguíneo de glucosa es el principal regulador de la secreción de glucagón. El glucagón se encargará de elevar el azúcar, al liberar glucosa de los depósitos de glucógeno. Esta hormona está compuesta por una cadena de 29 +aminoácidos.

Funciones del glucagón

El glucagón provoca la glucogenolisis (proceso antagónico u opuesto a la glucogenogénesis e implica desintegración del glucógeno en glucosa) para liberar glucosa hacia la sangre desde los depósitos musculares y hepáticos de glucógeno.

También promueve la neoglucogénesis, formación de azúcar a partir de la degradación de los aminoácidos almacenados en los depósitos hepáticos; este proceso, al igual que el anterior, incrementa la concentración sanguínea de glucosa para ser utilizada por todo el organismo (músculos, cerebro, corazón). Esto puede producirse ante esfuerzos físicos importantes o al estar en un período prolongado de ayunas.

Entonces, mientras la insulina estimula el proceso de la glucogenogénesis e inhibe el de la glucogenolisis, el glucagón hace lo opuesto (estimula la glucogenolisis e inhibe la  glucogenogénesis). Cumple una función antagónica a la insulina, mientras que ésta disminuye el nivel de glucemia cuando hay mucha azúcar en la sangre, el glucagón la eleva al haber poca cantidad. O sea que lo que una estimula, la otra inhibe y viceversa. Ambas, para cumplir sus funciones, actuarán influyendo sobre el mismo proceso pero con fines opuestos, es decir, estimulando o inhibiendo según sea necesario.

Entre ambas se encargan de mantener equilibrado el metabolismo de los hidratos de carbono en el organismo, lo que significa mantener el nivel de glucemia en parámetros normales. La relación entre insulina y glucagón es fundamental para garantizar que el nivel de energía se mantenga constante.

Para lograr el equilibrio entre insulina y glucagón la alimentación debería respetar una proporción de 2-3 porciones de carbohidratos contra 1 porción de proteínas. Si hay hipoglucemia, más allá de que los músculos se vean perjudicados por no tener energía para el trabajo, se verán afectados otros órganos como el cerebro y la retina.

En el caso de hiperglucemia, aumenta la deshidratación en las células porque la glucosa sanguínea tiene un efecto osmótico, además se pierde glucosa por vía urinaria lo que puede ocasionar una disminución de los líquidos y electrolitos (sodio, potasio) a nivel orgánico por un mecanismo de diuresis osmótica provocada en el riñón.

La concentración del glucagón aumenta cuando la de la insulina disminuye. La secreción de glucagón se produce al disminuir la fructosa 2,6 bifosfato (es un azúcar) y al aumentar la glucogenogénesis (gluconeogénesis o glucogénesis. Es la formación de glucógeno). Es decir, que aumenta su secreción en estado de hipoglucemia y disminuye cuando aumenta la concentración de glucosa en el plasma (hiperglucemia). La ingesta de alimentos ricos en proteínas (huevos, carne, pescado, soja) puede aumentar la producción de glucagón.

Glucagon para adelgazar

Pero, posiblemente, su acción más importante sea la de favorecer la oxidación de las grasas, porque activa una enzima (elemento químico que acelera o enlentece las reacciones metabólicas) de las células adiposas conocida con el nombre Lipasa. Esta enzima incrementa la concentración de los ácidos grasos libres en la sangre y su uso como combustible, impidiendo que se acumulen triglicéridos en el hígado de manera que habrá mayor cantidad disponible para otros tejidos.

Otra de sus funciones, es favorecer la eliminación por vía urinaria de los productos de desecho metabólicos de las proteínas, es decir que se eliminan más rápidamente urea, creatinina y ácido úrico a través de la orina.

El glucagón influye en una secreción mayor de las hormonas catecolaminas (adrenalina, noradrenalina y dopamina) lo que provoca la disminución en la liberación de insulina por parte del páncreas.

En personas que buscan rápidas pérdidas de grasas, podemos utilizar como estrategia un entrenamiento combinado de fuerza y resistencia aeróbica, en dicho orden durante la misma sesión.

Con esto logramos que el nivel de insulina esté bajo por la actividad realizada anteriormente al trabajo aeróbico, propiciando durante este esfuerzo una mayor y más acelerada oxidación de las grasas debido a la alta concentración de glucagón. Recordemos que la insulina y el glucagón son antagónicas, es decir que cuando una se encuentre en concentraciones elevadas, la otra se encontrará baja.

Como durante la actividad, la producción de insulina se ve inhibida por las catecolaminas, el glucagón tiene piedra libre para acelerar el metabolismo de los lípidos.

Si bien había mencionado que en diabéticos con hiperglucemia (tipo 1), la aplicación de insulina podía ser la solución, también deberíamos estar preparados para un brusco descenso en el nivel de azúcar en otro tipo de diabéticos. Un cuadro de hipoglucemia puede ocasionar alteraciones del sistema nervioso, mareos, pérdida de conocimiento, en algunos casos quien la padece puede parecer borracha y decir incoherencias.

En estos casos se debe ingerir algún alimento dulce o jugos de fruta y, también, se puede aplicar glucagón. Una dosis de 1 ug/kg de glucagón puede elevar la concentración de glucosa en sangre unos 20 mg/100 ml de sangre en tan sólo 20 minutos. Esto equivale a un aumento del 25% aprox. Es importante que los familiares o quienes conviven con una persona diabética, como el caso de los profesores de Educación Física, conozcan esto y sepan actuar llegado el caso. Los momentos más críticos suelen ser viajes o reuniones prolongadas y sesiones de entrenamiento intensas y prolongadas.

Por supuesto que lo ideal para prevenir este problema es comer hidratos que no tengan elevado índice glucémico y en cantidades justas (no excederse porque se pueden acumular como grasas, derivando en colesterol y triglicéridos elevado) con una frecuencia óptima (cada 3-4 horas), para no tener que apelar a dosis de glucagón. Realizar actividad física suave también puede prevenir la utilización de dosis de glucagón extra.

Somatotastina

Funciones de la somatotastina

Es secretada por las células delta de los islotes de Langerhans del páncreas. Esta hormona es inhibidora de la hormona de crecimiento y de la secreción de insulina y glucagón. La somatotastina enlentece la asimilación de los alimentos y disminuye la secreción de insulina y glucagón impidiendo el uso de los nutrientes absorbidos por los tejidos de manera que van a permanecer disponibles por un lapso mayor de tiempo.

Catecolaminas

Estas hormonas, también conocidas como hormonas del stress, son la dopamina, adrenalina (también llamada epinefrina) y noradrenalina (norepinefrina). La dopamina produce a las dos restantes.

Son sintetizadas por la médula suprarrenal en las glándulas suprarrenales (se localizan en la parte superior del riñón) para actuar como hormonas, o en las terminaciones nerviosas como neurotransmisores. El cerebro produce catecolaminas a partir de un aminoácido llamado tirosina (en casos de deficiencia de catecolaminas, la ingesta de este aminoácido provoca un aumento de estas hormonas con mucha rapidez).

Efectos de las catecolaminas

La tirosina se encuentra en alimentos ricos en proteínas como carne vacuna, huevos, pollo y pescado. Tiene un efecto anti-estrés, antidepresivo y revitalizante, proporciona una sensación de bienestar, similar al de las endorfinas. Además de ser útil ante cuadros de depresión, lo es para los problemas de atención y concentración.

Pero no habría que utilizarla en caso de hipertensión arterial o hipertiroidismo.

La función que desempeñan en el crecimiento muscular no está del todo clara. Aunque es importante acelerando el crecimiento durante el desarrollo prenatal. El incremento en la producción de adrenalina podría ayudar al potenciamiento y producción de otras hormonas testosterona e IGF-1.

Durante el esfuerzo pueden estimular al sistema cardiovascular y al metabolismo energético desencadenando las reacciones bioquímicas que proporcionarán una mayor disponibilidad de sustratos energéticos, como glucosa y ácidos grasos libres, a la célula muscular. El estrés producido por cargas físicas y psicológicas emocionales estimula la secreción de este conjunto de hormonas hacia el torrente sanguíneo a través del sistema simpático. Se las relaciona con el estrés y la obesidad.

La concentración de catecolaminas tiene gran dependencia con el grado de intensidad del esfuerzo, cuando se aumenta la intensidad por encima del umbral de las catecolaminas, se produce un incremento marcado de éstas a nivel sanguíneo. Por lo general, se las mide en exámenes de orina.

Niveles de catecolaminas

Las catecolaminas se descomponen en sustancias inactivas que aparecen en la orina; la adrenalina (epinefrina) se convierte en metanefrina y ácido vanililmandélico (AVM), la noradrenalina (norepinefrina) en normetanefrina y AVM, y la dopamina en ácido homovanílico (AHV). Valores normales de las catecolaminas y sus derivados en orina en un lapso de tiempo de 24 horas son los siguientes:

  • Dopamina: 65 – 400 microgramos (mcg)/24 horas.
  • Adrenalina o Epinefrina: 0.5 – 20 mcg/24 horas o hasta
  • 900 picogramos/mililitro (pg/mL)
  • Noradrenalina o Norepinefrina: 15 – 80 mcg/24 horas o hasta 600 pg/mL
  • Metanefrina: 24 – 96 mcg/24 horas (algunos laboratorios dan el rango de 140 a 785 mcg/24 horas).
  • AVM: 2 – 7 miligramos (mg)/24 horas.
  • Normetanefrina: 75 – 375 mcg/24 horas.
  • Catecolaminas totales en orina: 14 – 110 mcg/24 horas.

Si se excede de estos niveles en la orina se puede sufrir de ansiedad y estrés agudo. Los niveles de catecolaminas pueden verse aumentados por ejercicio intenso, factores psico-emotivos importantes, alcohólicas, café, té, banana, chocolate y cítricos, y algunos medicamentos o productos químicos, entre los cuales se encuentran las anfetaminas, insulina, seudoefedrina (descongestivo), metildopa, cocaína y ciertos antidepresivos. Existen algunos productos químicos que pueden disminuir el nivel de las concentraciones de estas hormonas.

La falta de energía puede deberse a muchos factores, uno de ellos puede tener un etiología bioquímica: baja concentración de catecolaminas o de hormonas tiroideas (éstas la veremos más adelante). Cuando el cerebro las fabrica en cantidades suficientes, se nota una sensación de energía permitiendo mantener un nivel de excitación, no solo físico, sino también emocional.

Las catecolaminas se encargan de proporcionar la energía necesaria para responder a las situaciones de estrés. Las personas apáticas o depresivas suelen tener baja cantidad de catecolaminas, por lo general, no muestran gran efusividad ante noticias agradables ni desesperación ante situaciones problemáticas. También puede afectar la atención y concentración, esto se refleja en la falta de memoria, incapacidad para observar detalles, tener que releer varias veces una misma oración o párrafo de un libro. Algunas personas recurren a los alimentos o químicos que mencioné anteriormente para sentirse con más energía.

La cafeína, té, bananas, naranjas, cacao, azúcar, tabaco, anfetaminas, marihuana, cocaína aumentan la concentración de catecolaminas, pero este efecto es momentáneo y terminan produciendo el efecto contrario, entonces se vuelve a recurrir a dosis extras de estas sustancias.

Bajas concentraciones de catecolaminas pueden deberse a factores relacionados con la alimentación y el estrés, más allá de la genética. Con respecto al tema alimenticio, si la dieta tiene déficit proteico no se podrán sintetizar catecolaminas. Las proteínas de origen animal deben preferirse sobre las de origen vegetal porque éstas contienen menor cantidad de tirosina.

Catecolaminas en orina dieta previa

El consumo de soja puede perjudicar que la tirosina se convierta en catecolaminas. Las dietas ricas en hidratos de carbono incrementan la producción insulínica, recordemos que la insulina favorece el transporte de nutrientes (entre ellos  los aminoácidos) y su ingreso a la célula muscular, disminuyendo la cantidad que le llegará al cerebro.

En cuanto al estrés, habíamos mencionado que estimula la secreción de catecolaminas, si es excesivo va a terminar agotando a las glándulas adrenales (encargadas de producir catecolaminas para combatir el estrés), de manera que merme el nivel de estas hormonas, luego de haberlas producido en grandes cantidades.

También se puede alterar el nivel de algunas de estas hormonas según la postura: al incorporarse de la posición acostada (supina) a la posición de pie (erguido) se eleva la concentración de la noradrenalina, además de aldosterona, vasopresina, entre otras. Esto se debe a la necesidad de mantener constante la circulación sanguínea; al incorporarse desde la posición de acostado, el volumen sanguíneo que circula disminuye 600-700 ml. aprox.

Este descenso, que representa un 10% del volumen plasmático, se produce porque sólo el líquido y sustancias filtrables pueden salir de los vasos sanguíneos hacia el compartimento intersticial, mientras que las no filtrables (proteínas y hormonas unidas a ellas) permanecen en el espacio intravascular aumentando un 10% aprox. La extravasación del plasma sanguíneo que produce el descenso del volumen sanguíneo mencionado, puede alcanzar una merma del 20%, con tan sólo un minuto de actividad física.

21 de octubre de 2016

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