Psicología en el fútbol

Estudios y variables de la psicología en el fútbol. Orientaciones metodológicas desde una visión ecológica del entrenamiento.

Actualmente en los deportes colectivos el estudio pormenorizado de los aspectos de la psicología está adquiriendo un papel predominante como factor clave en la mejora del rendimiento. Teniendo como referencia el fútbol, vamos a analizar los constructos psicológicos que se consideran más determinantes en el comportamiento de los futbolistas. Se realizan orientaciones metodológicas para el desarrollo óptimo de estas variables psicológicas.

1 Psicología y fútbol

El entrenamiento y análisis de cualquier modalidad deportiva no se concibe sin estudios que muestren las peculiaridades psicológicas de ese deporte o el perfil de personalidad del atleta que lo practique. En este artículo se tratará de manera somera dichas particularidades en el fútbol con el siguiente esquema de trabajo; una batería de estudios psicológicos vinculados a este deporte; el perfil psicológico más característico de los jugadores; y unos constructos psicológicos que se han considerado importantes para el rendimiento.

Para De la Vega (2003), resulta necesario dar respuesta a un análisis funcional y estructural de este deporte para poder conocer, de una manera específica y correcta, cuáles son sus demandas a nivel psicológico y, al mismo tiempo, cómo pueden tratar de evaluarse y entrenarse para elevar el nivel de rendimiento de los jugadores hasta el máximo nivel posible tratando de optimizar sus procesos de evolución y desarrollo deportivo.

El entrenamiento psicológico en el fútbol tiene como propósito ayudar al jugador a mejorar su rendimiento, ofreciendo las herramientas necesarias para conocerse mentalmente, llegar a ser más conscientes de toda la dinámica del organismo y poder manejarlo de forma voluntaria para lograr el rendimiento deseado. La capacidad psicológica del jugador es relevante para su eficacia en el juego y la obtención de un óptimo rendimiento deportivo.

Todos somos conscientes de la importancia del componente mental en la competición, pero pocos son los entrenadores que lo trabajan en sus sesiones de entrenamiento. No ya a través de intervenciones directas a cada jugador sino a través del planteamiento de tareas de entrenamiento que de manera indirecta desarrollen aspectos psicológicos como la motivación, concentración, confianza, etc.…, que serán fundamentales en el rendimiento.

1.1 Estudios psicológicos sobre fútbol.

Existen muchos trabajos que estudian el fútbol desde una consideración de la psicología deportiva. Se han evaluado a futbolistas profesionales y no profesionales en una gran variedad de variables psicológicas para entrenar y competir. En la siguiente Tabla se muestra un amplio recorrido por los estudios más destacados y los autores de referencia.

ESTUDIOS AUTORES
Estados de ánimo Sánchez, et al., (2001); De la Vega et al., (2008, 2011).
Características psicológicas de los jugadores. Junge, et al., (2000); López-López, et al., (2009).
Percepción de dolor y fatiga en relación con el estado de ánimo. Liberal y García (2011).
Evaluación psicológica en el trabajo aplicado al fútbol. De la Vega y Martín (2001).
Esfuerzo percibido. Beniscelli y Torregrosa (2010).
Ansiedad precompetitiva y conductas de autocontrol. Navarro, et al., (1995).
Estilos de personalidad de jugadores según demarcación. García-Naveira (2008).
Clima motivacional y orientación de meta. Reyes (2009).
Clima motivacional y cohesión. Balaguer et al., (2003).
Compromiso, disfrute y motivación. García-Mas et al., (2010).
Percepción de eficacia colectiva y su influencia en la cohesión de equipo. Leo, et al., (2008).
Los estados de ánimos de titulares y suplentes. De la Vega, et al., 2008; De la Vega, et al., 2011.
Habilidades psicológicas para competir y personalidad resistente López-López (2011).
Los factores psicológicos y su posible relación con las lesiones deportivas. Olmedilla (2005).
Los aspectos atencionales y su entrenamiento. Morilla y Pérez-Córdoba (2002).
Programa psicológico para porteros. De la Vega (2000).
Resilencia. Espinosa y Mora (2010); Ruis et al., (2012)
El estado de flow. Fernández (2014); García et al., (2005).

Tabla 1. Estudios psicológicos sobre el fútbol.

Además de estas variables han existido estudios más integrales como los que han estudiado los aspectos psicológicos que influyen en el rendimiento de los futbolistas (Morilla, 1993; Pacheco y Gómez, 2005), investigaciones de cómo mejorar diferentes aspectos psicológicos mediante el desarrollo de un programa de trabajo estructurado en un club de fútbol (Morilla et al., 2009), las variables psicológicas implicadas en la evolución deportiva de jugadores (Gimeno, 1999), o una intervención psicológica en un club de fútbol (Rivas y Parma, 2003).

Como se observa, se han estudiado diferentes aspectos de la personalidad de los futbolistas. Con algunos de estos estudios, se podrán obtener información de los aspectos psicológicos que intervienen en este deporte, el grado de compromiso del futbolista hacia el fútbol, mostrar a los jugadores las diferencias existentes dentro del equipo, etc…, todo ello para realizar propuestas de trabajo que mejoren los entrenamientos y el rendimiento en los partidos tanto a nivel individual como grupal.

2 Características psicológicas de los futbolistas

Las variables psicológicas de los futbolistas pueden favorecer su rendimiento tanto de manera individual como colectivamente. Distintos estudios se han encargado de seleccionar las variables psicológicas más influyentes en un equipo de fútbol y en sus jugadores (Buceta, 1999; Gálvez y Paredes, 2007; Peris, 2008). Entre estas variables destacamos:

  1. Concentración.

La concentración se puede entender como la capacidad que debe tener todo futbolista para dirigir su atención hacia los estímulos más adecuados en cada momento. Esta capacidad de atención se relaciona directamente con la duración de la competición (Weinberg y Gould, 1996).

El fútbol es un deporte de equipo donde entran en juego multitud de aspectos que compiten por la atención de los jugadores; factores ambientales, factores emocionales y motivacionales, y otros factores relacionados con el propio juego (Olmedilla, 2001), por lo tanto, es necesario plantear un entrenamiento específico en atención y concentración de estos estímulos relevantes.

El entrenamiento para mejorar los niveles de concentración específica del jugador debe incluir los siguientes parámetros:

  • Ser variado para solicitar al jugador en todo momento procesos atencionales similares a los que suceden en competición.
  • Las tareas deben contener cierta carga cognitiva o táctica. A mayor carga más intensa será la tarea de entrenamiento, por lo tanto éste es un parámetro para valorar las cargas de los entrenamientos.
  • El juego solicita pensar, y pensar necesita de concentración, por lo tanto en los entrenamientos deben estar presentes estos axiomas.
  • Entrenando de esta manera aumentamos la capacidad del jugador de estar concentrado mientras compite, intentando que sea capaz de aguantar el mayor tiempo posible concentrado, de ahí que lo más conveniente sea entrenar en sesiones de 90 minutos, ya que la solicitación cognitiva puede ser parecida (en duración) a la que se encontrará en competición.

Por lo tanto, se aboga por un trabajo de concentración desde una visión ecológica, es decir, respetando en todo momento las necesidades que solicita el juego. El fútbol solicita cierto de nivel de activación, competir bajo ciertos parámetros de fatiga fisiológica, una especificidad atencional según en la posición en la que se juegue, un conocimiento de la lógica interna del juego…todas estas variables deben ser trabajadas ya que se encuentran relacionadas con la concentración del jugador. El jugador en el entrenamiento debe “pensar” y estar concentrado ya que el partido se lo exigirá. Igual que en la musculatura esquelética en el cerebro también se produce depleción de glucógeno por lo que hay que entrenarlo para soportar la actividad. Y esto se consigue mediante entrenamientos donde el jugador tenga que ejercitarse con óptimo niveles de concentración. A más solicitación atencional mayor intensidad habrá en las tareas de entrenamiento.

Además de las investigaciones citadas, se han realizado estudios que relacionan la concentración con la atención (Montero, 1998); la utilidad de ejercicios de concentración en el fútbol (Greenlees, et al., 2004); la atención-concentración y su vinculación con el rendimiento (Mora, et al., 2001; Morilla, 1995); y el entrenamiento específico e integrado de la concentración (De la Vega, 2003).

  1. Nivel de activación.

Los efectos de la activación sobre la consecución de la excelencia deportiva están relacionados con la influencia que esta tiene sobre la coordinación motriz, el grado de tensión muscular, la concentración y la atención del deportista (Navarro et al., 1995)

Un nivel de activación del jugador en parámetros óptimos ayuda a que el funcionamiento del futbolista sea adecuado. Sin embargo, si estos niveles se sitúan por debajo o por encima del nivel óptimo, su funcionamiento será peor (Hanin, 1995). Hay que tener en cuenta este el nivel de activación a la hora de afrontar un partido, e incluso cuando se programa un entrenamiento determinado, y ser consciente de que altos niveles pueden provocar situaciones de ansiedad (Gálvez y Paredes, 2007). Así, la activación influye en el funcionamiento físico como aumento de la tensión muscular, lo que dificulta la coordinación en tareas motrices (Cantón, 1999) y en el plano psicológico, en la concentración y los procesos mentales implicados en el procesamiento de la información y la toma de decisiones de los futbolistas (Buceta, 2000; Tenembaum y Bar-Eli, 1993).

Todo jugador que se encuentre excesivamente relajado (con su Nivel Óptimo de Activación bajo), amplia su foco atencional demasiado, de manera que atiende a más estímulos que los que realmente le son pertinentes y, por otro lado, todo jugador que se encuentre tenso, reduce su foco atencional demasiado, de manera que no procesa estímulos significativos y relevantes para la acción (De la Vega, 2003).

No existe un único nivel de activación óptimo sino tantos como situaciones concretas se den. El futbolista debe reconocer cual es su nivel ideal para rendir al máximo de sus posibilidades.

  1. Motivación.

La motivación es un punto clave para el alto rendimiento deportivo. Un jugador que tenga un nivel alto de motivación rinde al máximo nivel en los partidos, se entrena fuerte, soporta situaciones adversas…, y rinde mejor a lo largo de la temporada (Peris, 2008). La motivación determina la disposición de los futbolistas para dedicarse, cuidarse, sacrificarse, esforzarse, concentrarse, ser persistentes, tolerar la adversidad y no conformarse (Buceta, 2000).

La motivación es fundamental para el aprendizaje y consecución de habilidades motrices en los jugadores. En ocasiones una óptima motivación influye y condiciona la acción motriz del jugador.

Aparte de cierta motivación laboral, el jugador debe tener una motivación intrínseca, siendo la diversión uno de los principales motivos por los que el futbolista debería jugar. Debe intentar no perder su condición amateur en lo relativo a su pasión por el juego.

La motivación es una variable compleja donde se interrelacionan procesos intelectuales, fisiológicos y psicológicos que orientarán al jugador a encauzar sus expectativas respecto al juego. Mantener unos niveles óptimos de motivación facilitará el desarrollo de las actitudes y el éxito de los jugadores. Pero ¿cómo lograr esto como entrenadores? :

  • Proporcionando retos adecuados a los jugadores; objetivos difíciles pero alcanzables.
  • Fomentar el placer y la variedad en los entrenamientos.
  • Informar a los jugadores de la mejora de sus habilidades, del aumento de su maestría y de cómo van creciendo sus capacidades en el marco de la temporada. La realimentación positiva favorece la motivación del jugador. La idea es amplificar o potenciar ciertos cambios o desviaciones introducidos en el jugador, para que éste pueda evolucionar o crecer hacia un nuevo estado de equilibrio dinámico, diferente del anterior.
  • Plantear objetivos y valores claros al equipo ya que así lo asumirán como propios y estarán más orientados a conseguirlos.

Se han realizado multitud de investigaciones de este constructo con futbolistas. Entre estos estudios destacamos los relativos a motivación intrínseca (Cresswell, et al., 2003); clima motivacional y regulación de la misma (Ommundsen, et al., 2010); clima motivacional y orientación de meta (Reyes, 2009); orientación de meta y autoeficacia como predictores de la motivación en futbolistas (Kazak y Turksay, 2011); la motivación autodeterminada como mediadora en las emociones y el burnout (Curran, et al., 2011); el análisis de los perfiles de la orientación de meta (Etnier, et al., 2004); la motivación y la relación entre las metas de logro y las finalidades percibidas de fútbol (Carpenter y Yates, 1997); y la motivación y el comportamiento adaptativo en jóvenes futbolistas (García-Calvo, 2006).

  1. Inteligencia Emocional.

Si hay un aspecto que el futbolista debe considerar es el control y la gestión de las emociones. Mientras se juega éstas aparecen en multitud de circunstancias por lo que la habilidad para gestionarlas orientará su comportamiento. Ser poco inteligente emocionalmente supone la incapacidad de controlar nuestros actos en condiciones emocionales varias.

Se podría definir la inteligencia emocional como la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos. Esta capacidad se podría concretar como el conjunto de habilidades de autocontrol, automotivación, perseverancia y empatía, entre otras, que pueden entrenarse para sacar el mayor potencial intelectual. Estas cualidades conduce al individuo hacia una mayor eficiencia para afrontar los problemas de la vida cotidiana (Goleman, 1996).

La inteligencia emocional del jugador mientras compite se relaciona con emociones como ansiedad, nervios, desconfianza, ánimo, seguridad, motivación, angustia etc… Las emociones pueden potenciar o reducir el rendimiento en función del tipo de gestión que de las mismas realice el propio futbolista. Por lo tanto, el jugador debe estar entrenado a coexistir con ellas, ya que por ejemplo, están en directa relación con la toma de decisiones (aspecto éste primordial para el alto rendimiento futbolístico).

Los aspectos emocionales son factores determinantes de la adaptación de los futbolistas al juego, por esto hay que tener en consideración la influencia de la inteligencia emocional en el rendimiento deportivo.

Deberemos proponer entrenamientos donde las emociones estén presentes, ya que éstas son inherentes a la competición y el jugador debe estar habituado a convivir con ellas. Tareas donde simulemos presión externa, arbitrajes contrarios, goles en contra, limitación de tiempo para remontar un resultado negativo, etc… que soliciten al jugador la capacidad de adaptación y control individual sobre la influencia que dichas emociones ejercen en sus comportamientos. Esta carga emocional se deberá tener en cuenta para valorar la carga total de la tarea de entrenamiento y no hacerlo exclusivamente desde parámetros condicionales.

  1. Autoconfianza.

En el fútbol existen dos tipos de autoconfianza; la individual, que es la que percibe tener cada jugador y la colectiva; que se refiere a la percepción realista que tiene el grupo en alcanzar los objetivos que se plantea utilizando sus propios recursos (Buceta, 2000; Peris, 2008). El jugador tiene una buena autoconfianza cuando percibe que con sus recursos puede resolver de forma favorable una situación. Esta percepción tiene que ser realista, adaptada a las posibilidades reales del jugador y no ser desmesurada, ya que el jugador o el equipo pueden caer en una falsa autoconfianza que perjudique su rendimiento. Existen diferentes tipos de expectativas que se pueden conformar respecto al futbolista; las autoexpectativas (las realiza el jugador sobre sí mismo), las expectativas del entrenador y las del entorno familiar (Gálvez y Paredes, 2007). Todas tienen su influencia en el rendimiento del futbolista.

Existe un aspecto que debemos de eliminar en el jugador y que está relacionado con la autoconfianza; el miedo.

El entrenador debe fomentar en los entrenamientos la tolerancia al error como método de mejora. El futbolista no solo tiene derecho a equivocarse sino que necesita errar para poder aprender (López del Campo, 2013). Para este autor, un futbolista que tiene altos niveles de tolerancia al error será capaz de afrontar retos más ambiciosos y su potencialidad de mejora será mayor. Por ende, su autoconfianza aumentará al comprobar que es capaz de ir superando retos cada vez más complejos.

Como entrenadores el planteamiento de tareas progresivas y adaptadas al nivel del jugador en un momento de la temporada puede facilitar que el jugador gane en autoconfianza al ir percibiendo una evolución de su rendimiento.

  1. Cohesión

La cohesión es un proceso dinámico que se refleja en la tendencia de un grupo a permanecer juntos y mantenerse unido en la consecución de sus objetivos instrumentales y/o para la satisfacción de las necesidades afectivas de sus miembros (Carron, et al., 2007).

La cohesión es necesaria en el fútbol ya que el propio juego solicitará a los jugadores de cooperación, actuación conjunta y dinámicas grupales, sin las cuales un equipo no tendría identidad. Si no existe cohesión entre los futbolistas estaríamos hablando de una reunión de jugadores que se unen para jugar más que de un equipo de fútbol.

Para mejorar la cohesión podemos plantear en la sesión;

  • Tareas donde se exija cooperación para resolver los problemas planteados.
  • Tareas para potenciar los componentes fundamentales de la cohesión (interacción, interdependencia, objetivos comunes…)
  • Actividades de cooperación en situación competitiva.
  • Entre las estrategias del entrenador para fomentar la cohesión en el entrenamiento podemos destacar:
  • Establecimiento de objetivos colectivos: La idea de equipo significa que el jugador debe perder cierta individualidad para ganar en una identidad colectiva en busca de un fin común.
  • Diferencias con otros equipos: Entrenar en base a un Modelo de juego proporciona al equipo una identidad que permite al colectivo ser un ente exclusivo. Ese Modelo será único y es el que hay que desarrollar a través de las tareas de entrenamiento.
  • Claridad y aceptación de los roles: Cada jugador está vinculado a una función o papel que debe cumplir para que el equipo funcione. El hecho que en las tareas el jugador participe desde su puesto crea una mayor especificidad de sus acciones de juego y una exclusividad que le otorga jerarquía dentro del conjunto.
  • Dinámicas grupales: En las tareas de entrenamiento deben existir compañeros, rivales, espacios, balón, etc.…, todos estos elementos forman parte del juego por lo que al entrenar habrá que respetar e incluir estos elementos. A veces será un 2 vs 2 y otras un 10 vs 10, pero en competición se enfrentan dos grupos antagónicos y eso hay que representarlo en las sesiones de entrenamiento.
  • Tareas cooperativas: Como comentamos en el punto anterior necesitamos cooperar con el compañero para superar un adversario. Las tareas deben reflejar este conflicto de intereses.
  1. Comunicación interpersonal.

La comunicación interindividual tiene lugar en forma directa entre 2 o más personas físicamente próximas con una retroalimentación inmediata.

La forma en que los componentes de un equipo de fútbol se transmitan la información, no sólo dentro del terreno de juego sino también fuera de él, es clave para el desarrollo correcto del equipo. Para que el grupo funcione el jugador tiene que saber lo que espera de él el entrenador, los movimientos que hacen los jugadores en el campo, la capacidad de discriminar las señales de otros y hacerse entender con ellos (Peris, 2008).

En la comunicación colectiva no hay un único emisor (entrenador) y receptor (jugador), sino reciprocidad de sujetos activos. La comunicación (verbal y gestual) es indispensable para el juego. Le propongo al lector que realice con su equipo una tarea de entrenamiento de 10 vs 10 donde los jugadores no puedan hablar y comprobará como ésta limitación cambia la dinámica del ejercicio, solicitando al jugador mayor capacidad de concentración aumentando la carga cognitiva del ejercicio.

Para desarrollar la capacidad comunicativa las tareas deben tener las siguientes características:

  • La participación simultánea de dos o más jugadores en un entorno próximo de acción.
  • En las interacciones que se producen en la tarea debe existir un continuo intercambio de mensajes en el que los futbolistas se ofrezcan recíprocamente algunas señales de sus intenciones de juego. El hecho de entrenar en base a unos principios de juego comunes facilitan un mismo lenguaje interpretativo de las acciones de los jugadores de un mismo equipo.
  • La interacciones en espacios reducidos facilitan la comunicación interpersonal ya que la acción recíproca comunicativa de los jugadores se produce a una menor escala y más próxima.
  • El contexto interpersonal es en gran parte no estructurado, por lo que condicionar las tareas de entrenamiento con muchas reglas puede restar variabilidad e improvisación en las comunicaciones de los jugadores, siendo la variabilidad de las mismas necesarias ya que el contexto competitivo nunca es lineal

2.1 Ansiedad en los futbolistas

La ansiedad es uno de los principales limitadores del rendimiento, por lo que se muestran en este apartado las características de este constructo y su influencia en el futbolista tanto en aspectos psicológicos como a nivel físico (lesiones).

Rivera (en el Diario La Razón), explica que «saltar al campo y golpear el balón ante la mirada de miles de personas conlleva una serie de reacciones psicofisiológicas que facilitan o entorpecen su rendimiento. Resulta entonces necesario contar con los recursos mentales necesarios para hacerles frente y conseguir que aquello que sucede en su cuerpo, incluida la cabeza, juegue a su favor».

Un marcador de la ansiedad que se vive en el campo, se encuentra, por ejemplo, en muchas pérdidas del balón sin oposición, críticas desproporcionadas al árbitro y compañeros, numerosos pases con el receptor en desventaja, excesivos errores no forzados o escaso acierto de cara a la portería contraria. Estas situaciones son indicadores de que los futbolistas están demasiado tensos, y como consecuencia de ello, su concentración es ineficiente (Navarro, et al., 1995).

Estos autores, investigan la ansiedad pre-competitiva y conductas de autocontrol de un equipo de fútbol de tercera división. Durante cinco partidos aplicaron el cuestionario CSAI-2 antes de los mismos. Los resultados indican que los futbolistas con ansiedad elevada, manifiestan durante los partidos conductas que señalan falta de autocontrol, algunas de ellas incluso entrañan riesgos importantes para el propio jugador, el equipo y el contrario. Estos sujetos suelen tener también una alta tasa de ansiedad somática, tendiendo a cometer más infracciones, conductas más agresivas y, en general, su autocontrol se ve disminuido. Así, una baja autoconfianza provoca más fallos y una elevada ansiedad aumenta la preocupación del jugador, reduce su concentración y comete más errores.

Entre otras investigaciones en esta temática destacar trabajos de la ansiedad en los jugadores (Navarro, et al., 1995), el estrés en los futbolistas (Carrascosa, 2007; Ramires, 2006); la ansiedad en relación con el clima motivacional y el rendimiento percibido por sus entrenadores (García-Más et al., 2011); y la presión, auto-presión y miedos en los mismos (Roffé, 2006).

Indica Moreno (2013), que para disminuir la ansiedad hay técnicas muy útiles que se pueden aplicar en el futbolista y que varios estudios han demostrado su eficacia. Las técnicas de intervención que se suelen aplicar son:

  • Relajación progresiva de Jacobson; Contracción y distensión de los diferentes grupos musculares llevando a una disfunción de la contracción muscular logrando niveles de tensión muscular más bajos.
  • Imaginación/visualización; se trata de una técnica que programa la mente del deportista para reaccionar, para responder cuando y como se le ha programado. A través de palabras evocamos situaciones deportivas ya vividas y anticipamos la respuesta para situaciones futuras para acortar los plazos de reacción y ejecutando la acción exitosamente.
  • Reestructuración cognitiva; esta técnica trata de identificar, analizar, y modificar las interpretaciones o los pensamientos erróneos que el futbolista experimenta en determinadas situaciones.
  • Reforzamiento positivo; esta técnica debe llevarla a cabo el entrenador elogiando las respuestas deseadas adquiriendo así el futbolista una imagen más positiva de si mismo.

Para esta autora todas estas técnicas y con la colaboración activa por parte del futbolista se pueden obtener resultados muy positivos que incrementen su seguridad y por lo tanto, disminuyan su ansiedad a la hora de rendir en el terreno de juego.

Ansiedad y lesiones

Niveles altos o bajos de ansiedad aumentan el riesgo de lesiones en los futbolistas (Blackwell, y McCullagh, 1990; Díaz, et al., 2004; Olmedilla, et al., 2007; Olmedilla, et al., 2009).

Olmedilla (2005) y Olmedilla et al (2009), muestran que sufren más lesiones los futbolistas con niveles altos de ansiedad y los que presentan más ansiedad competitiva. Por otra parte, el hecho de jugar un partido incrementa la probabilidad de lesión frente al entrenamiento (Emery, et al., 2005), por lo que el jugarlo con niveles altos de ansiedad competitiva, incrementa aún más el riesgo de lesionarse.

Rodríguez (1998), señala que un 84% de los jugadores lesionados tenían ansiedad más alta de lo normal, lo que suponía un riesgo de sufrir lesiones 3,4 veces mayor que el que tienen los sujetos con niveles de ansiedad normales. Pero no sólo presentan más posibilidad de lesión los muy ansiosos, sino todos aquellos que presentan puntuaciones bajas en el rasgo de ansiedad. Por lo tanto, el futbolista para minimizar el riesgo de lesión debe poseer un nivel óptimo en las puntuaciones del rasgo de ansiedad, ya que los extremos pueden estar asociados a un mayor riesgo de lesión.

2.2 Estado de ánimo

La relación entre el rendimiento y las puntuaciones en medidas psicológicas antes y durante la competición, especialmente el estado de ánimo y la ansiedad competitiva, ha sido muy estudiada en Psicología del Deporte (LeUnes, et al., 1988).

Muchas circunstancias influyen en la mente del futbolista, en su rendimiento y en su estado de ánimo. El hecho de ser suplente, la trayectoria del equipo, la relación con los compañeros y entrenador, etc.., son importantes para sus resultados.

Los estados de ánimo de los futbolistas fluctúan durante el partido y en los momentos previos y posteriores. A medida que se obtienen buenos resultados éste aumenta, mientras aspectos como la apatía y depresión disminuyen. Sin embargo, los jugadores poseen diferentes niveles de estados de ánimo, por lo que debe generalizar con el ánimo de un equipo (De la Vega, et al., 2011).

En esta variable también influye el rol de cada jugador en el equipo, así, los titulares tienen un perfil de estados de ánimo más adecuado para el rendimiento antes de los partidos comparado con los suplentes, lo que les predispone para la obtención de un elevado rendimiento competitivo que se correspondería con un estado óptimo. Esto no sucede en el caso de los jugadores suplentes, pues su frustración puede dificultarles conseguir un buen rendimiento en el caso de que el entrenador los necesite. Por esto es importante intervenir con estos jugadores profundizando sobre qué función percibida asumen, su nivel de autoeficacia percibida, sus procesos de atribución causal, etc. para explicar el hecho de que no participen como titulares, así como la incidencia que tiene el estado de ánimo en su rendimiento directo si llegan a jugar, e incluso, la posible relación existente entre estado de ánimo, personalidad del jugador y clima de grupo creado por el entrenador (De la Vega, et al., 2011).

Median en estos estados, distintas variables tanto personales como ambientales. Así, Sánchez et al (2001) destacan la ventaja de jugar en casa en este estado en los jugadores, reseñando que la influencia del estado de ánimo previo al partido, tiende a ser más positivo en los jugados en casa que fuera, incidiendo en el rendimiento. En los partidos de casa, los estados de ánimo previos al partido obtienen unos niveles más altos, incluso cuando el rendimiento es pobre. En cambio, en los partidos jugados fuera, los estados de ánimo son más bajos, y se disparan cuando el rendimiento ha sido pobre, debido a la presión que los futbolistas pueden experimentar al jugar fuera.

3 Conclusiones

El fútbol es un deporte complejo donde en cada acción que ejecuta el jugador en un partido intervienen variables tácticas, técnicas, condicionales y psicológicas. En este deporte el entrenamiento se ha centrado mayoritariamente en las tres primeras olvidando a menudo la última, sin considerar que todas aparecen de manera concurrente durante el juego y no debe existir primacía de una respecto a las demás a la hora de su preparación.

La parcela psicológica tiene como principal objetivo lograr que el jugador rinda al máximo nivel a través del aspecto mental y psicológico. Este artículo se ha centrado fundamentalmente en dos grandes escenarios; la mejora de la actuación de los futbolistas y los beneficios psicológicos que una metodología integrada de entrenamiento proporciona sobre el componente mental y volitivo del deportista.

Se ha hecho un repaso bibliográfico por una gran cantidad de estudios que desde una vertiente psicológica han estudiado el fútbol y sus jugadores, convirtiendo a este deporte en uno de los más analizados desde esta visión. Por otra parte, se han expuesto algunas capacidades que se consideran como indispensables para que el futbolista pueda competir de una manera óptima. Éstas son; la concentración, la motivación, la autoconfianza, la inteligencia emocional, aspectos comunicativos, y el nivel de activación.

Además del trabajo del psicólogo deportivo (figura indispensable actualmente), se propone un trabajo integrado de las variables psicológicas en las propias tareas de entrenamiento. Las características del juego nos conseja que para aumentar y ejercitar los recursos psicológicos del jugador deberemos intentar que el  jugador experimente mientras entrena condiciones parecidas a las de competición, para que de esta manera sepa como afrontarlas y en situaciones reales de partido tengas las suficientes herramientas para posibles déficit de concentración, motivación, discrepancias emocionales, etc. Puede que esta manera de afrontar el trabajo psicológico sea más adecuado que intervenciones de laboratorio alejadas del contexto real de actuación del deportista.

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18 de julio de 2016

2 respuestas en "Psicología en el fútbol"

  1. Excelente aporte, muchas gracias.
    Saludos cordiales

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