Somatomedina e insulina – Hormonas del ejercicio [3]

Seguimos con la tercera parte de las hormonas del ejercicio, en esta tercera parte tratamos detalladamente la somatomedina y la insulina.

La somatomedia

Es un grupo de tres hormonas sintetizadas, principalmente en el hígado (también en las fibras musculares), por estimulación de la hormona del crecimiento. Son la somatomedina A (factor de crecimiento similar a la insulina tipo 2 o IGF-2), somatomedina B (derivado de la vitronectina) y somatomedina C (factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 o IGF-1). Esta última, al igual que la GH, viaja hacia las fibras musculares aumentando los beneficios de la GH y permitiendo un mayor crecimiento y una menor degradación proteica. Tienen una estructura similar a la insulina humana.

Niveles de somatomedina C según la edad

Niveles según la edad

Las concentraciones de la IGF-1 o somatomedina C, que depende de la GH, se encuentra en niveles bajos durante la niñez, alcanza su pico en la adolescencia y disminuye a partir de los 45-50 años de edad. Además de la edad, las somatomedinas dependen de otros factores como la mala alimentación, situaciones de ayuno, diabetes y otras enfermedades que pueden disminuir su producción. En niños con problemas de obesidad puede verse aumentada su concentración. Al estimularse la producción de la GH, las células del hígado liberan péptidos somatomedina hacia el torrente sanguíneo, cuando el cartílago las absorbe aumenta su capacidad para incorporar sulfato mejorando la velocidad para sintetizar colágeno.

Favorecen el crecimiento muscular, estimulan la sulfatación de los cartílagos y formación de colágeno (este elemento es importante en la conformación de ligamentos y tendones) pero si bien cumplen un papel importante en la regulación del crecimiento y desarrollo de tejidos de niños y adultos, pueden desencadenar enfermedades o patologías si alcanzan concentraciones exageradamente elevadas. Por ejemplo, niveles muy altos de la IGF-2 pueden favorecer la aparición de cáncer de colon, próstata, pulmón, mamas, leucemia (cáncer hematológico, aumento desmesurado de leucocitos), síndrome de Beckwith-Wiedemann (índice de crecimiento y peso corporal fuera de lo normal en niños) o defectos en la zona de la pared abdominal.

El tipo de entrenamiento a seguir debe ser el mismo que el indicado para la hormona del crecimiento, es decir, utilizando los métodos de carga estable, piramidal incompleta, series forzadas, series en bloque, superseries, concéntrico-excéntrico con series de 8-12 reps. (Hasta 15 para adolescentes) de duraciones entre 15”-40” a intensidades del 70%-80% con pausas de 1’-2 que mantengan una acidez mayor, condiciones que favorecen la hipertrofia.

La insulina

Es una hormona sintetizada por las células beta de los islotes de Langerhans en el páncreas, cuando los niveles de azúcar sanguíneo están elevados. La insulina aumenta la permeabilidad de la membrana facilitando el ingreso de la glucosa (además de aminoácidos, nucleótidos y fosfato) a las células disminuyendo el nivel de azúcar plasmática.

También es anabólica como las hormonas vistas anteriormente, es decir que favorece la formación de mayores masas musculares y su acción es fundamental para la recuperación celular. En cuanto al crecimiento muscular, su ayuda está dada por su función transportadora de los aminoácidos a través de la sangre y facilitar su ingreso a la célula muscular, incrementa la actividad del ribosoma para sintetizar nuevas proteínas, disminuye el catabolismo (destrucción) proteico y la neoglucogénesis (formación de combustible a partir de la oxidación de las proteínas). Pareciera que trabaja en conjunto con la hormona de crecimiento en la formación de mayores masas musculares, debido a que cada una capta distintos aminoácidos que promueven el crecimiento muscular.

La insulina estimula y activa el proceso de glucogenogénesis. Este proceso significa formación de glucógeno, éste se encuentra depositado en tejidos musculares e hígado y se forma por un conglomerado de glucosa. Cuando se quiere disminuir la glucemia (concentración de glucosa en sangre) se debe lograr que la glucosa ingrese a las células formando los depósitos de glucógeno. Intensifica la acción reguladora de la enzima glucógeno-sintetasa que actúa en este proceso.

La insulina cumple funciones importantes regulando el metabolismo de los hidratos de carbono, lípidos y proteínas. Favorece el transporte por el torrente sanguíneo e ingreso de la glucosa (azúcar en sangre) y aminoácidos a la célula o fibra muscular, beneficiando la recuperación y síntesis proteica.

Como aumenta la síntesis o producción de los ácidos grasos, se enlentece la lipólisis (oxidación de las grasas), por lo tanto, cuando se busque el descenso de los depósitos de tejido adiposo se debe tener controlado el nivel de insulina.

Indice glucémico de los copos de maíz

El exceso de insulina puede provocar que la glucosa circulante por la sangre que no pueda ingresar en las células se termine acumulando como grasa. Para evitar esto, se deberían ingerir alimentos con elevado índice glucémico solamente en los momentos cercanos a la actividad física, dejando para el resto del día los de mediano a bajo índice glucémico. Caso contrario, habría mucha azúcar en la sangre estimulándose la secreción de insulina por parte del páncreas.

Entonces la insulina puede cumplir funciones en el metabolismo de los lípidos como facilitar el transporte de ácidos grasos por el torrente sanguíneo hacia los tejidos, principalmente hacia el adiposo, incrementando los depósitos de tejido adiposo; transportar la glucosa en exceso hacia el tejido o célula adiposa (adipocito) para su conversión en grasa; disminuye la concentración de los ácidos grasos libres en la sangre; e inhibe a la hormona Lipasa del adipocito, que actúa en la hidrólisis de los triglicéridos que se encuentran almacenados en los depósitos.

Niveles de insulina

La concentración de glucosa en la sangre (nivel de glucemia) normal ronda los 70 a 110 mg/dl, cuando estos valores se duplican o triplican, se aumenta en diez veces la secreción de insulina en un lapso de 5’ aprox. Pasados unos 15’ aproximadamente, la secreción insulínica se incrementa más todavía, no solamente por la ya existente, sino también por la formación de insulina nueva provista por alguno de los sistemas enzimáticos. De la misma manera en que se produce el aumento acelerado en la secreción de insulina frente a un cuadro de hiperglucemia, vuelve a valores basales al descender su nivel en la sangre. Los aminoácidos estimulan la secreción pancreática de insulina, pero no de forma tan acelerada, aunque si se combina con glucosa puede acelerar la formación de esta hormona. La ingesta de BCAA aumenta el nivel insulínico en sangre. Existen otras hormonas, como la gastrina, péptido gástrico inhibidor y secretina, entre otras, que también facilitan la secreción insulínica.

Las mencionadas producen una liberación “anticipada” durante la ingesta alimenticia, preparándose para la absorción de los nutrientes. El nivel de concentración sanguíneo de insulina es estimulado por la glucosa y algunos aminoácidos, como la arginina o los de cadena ramificada (valina, leucina e isoleucina). Durante la actividad o ejercicio físico descienden los niveles de azúcar en sangre, lo que produce la inhibición de insulina. Una vez finalizado el esfuerzo, durante el descanso, irá aumentando el nivel de insulina. Esto permite la recuperación orgánica y plástica, gracias al ingreso de la glucosa y aminoácidos a la fibra muscular, recordemos que la insulina acelera el transporte y el ingreso de los agentes de recuperación que viajan por la sangre hacia la célula muscular. Se recomienda la ingesta de alguna fruta (preferentemente de mediano índice glucémico, como la manzana) 1 o 2 horas previo a la sesión de entrenamiento para que el nivel insulínico post-entrenamiento sea mayor, la fructosa (azúcar de las frutas) demora un tiempo mayor que la glucosa para ser utilizada por tener un índice glucémico menor, de manera que podrá proporcionar la energía cuando sea necesario.

Para contar con niveles adecuados de azúcar que posibiliten la energía necesaria para afrontar el esfuerzo se debe comer una banana (elevado índice glucémico), con esto se contará con el combustible para iniciar la actividad. Si el entrenamiento se prolonga más allá de los 90’, habría que reforzar con otro alimento o bebidas de alto índice glucémico. Las bebidas tienen la ventaja, además, de evitar la deshidratación, pero tener cuidado de que no contengan más del 10% de hidratos de carbono porque demoraría mucho tiempo en abandonar el estómago y no podrían ser utilizadas en el momento preciso. Los entrenamientos que producen gran destrucción o daño tisular, como los de fuerza, requieren la presencia de una cantidad suficiente de aminoácidos en la sangre inmediatamente después de concluida la sesión.

Esto es necesario para asegurarse la recuperación plástica de los tejidos que fueron dañados por el proceso catabólico normal del entrenamiento de sobrecarga. En algunos casos, se sugiere no ingerir alimentos ricos en proteínas porque enlentece la velocidad de absorción con la cual el organismo puede utilizarlos (índice glucémico) y, de esta manera, la recuperación orgánica se produce más lentamente. Entonces, si necesitamos una recuperación orgánica más rápida debemos optar por consumir hidratos de carbono de elevado índice glucémico en las dos primeras horas post-entrenamiento; pero si lo más importante es reparar y formar la masa muscular, la prioridad son las proteínas. Una gran opción puede resultar de la combinación en la ingesta de carbohidratos (elevan la concentración de insulina favoreciendo el transporte por la sangre y el ingreso a la célula de la glucosa y aminoácidos) con aminoácidos, como la creatina. En diabéticos hiperglucémicos (tipo 1), se suele aplicar insulina para bajar el nivel de azúcar.

19 de octubre de 2016

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