Tiroideas y estrógeno – Hormonas del ejercicio [5]

La quinta parte de las hormonas del ejercicio está dedicada a las hormonas tiroideas y estrógeno.

Tiroideas (T3 o Triyodotironina y T4 o Tiroxina)

Las hormonas tiroideas (T3 y T4) son producidas, a partir del aminoácido tirosina, por la glándula tiroides (ubicada en la parte frontal del cuello), principal responsable de la regulación del metabolismo (regula la acción metabólica de todas las células de nuestro cuerpo). El yodo también es un componente importante en la síntesis de las hormonas tiroideas. La T4 es la más importante de las tiroideas en sangre.

Permite el aumento del metabolismo basal, indispensable para un correcto desarrollo del feto, además del adecuado funcionamiento de los sistemas cardiovasculares, músculo-esquelético, hematopoyético y hormonales. Cumplen un papel fundamental en el proceso de absorción de los aminoácidos en el aparato digestivo.

Glándula tiroidea

Son las encargadas de dirigir la conversión de la tirosina en catecolaminas en el cerebro. También favorece las respuestas en los procesos de consumo de oxígeno y producción de calor.

Quienes sufren de hipotiroidismo (baja producción de la tiroides), se sienten cansados física y mentalmente en todo momento acompañado por aumento de peso (obesidad), depresión, frío en pies y manos. El ejercicio estimula las secreciones de T4 y T3 por parte de la glándula tiroides y aumenta la sensibilidad de los tejidos hacia estas hormonas. El caso contrario al hipotiroidismo, es el hipertiroidismo (alta producción de la tiroides) que puede causar pérdida de peso, nerviosismo y una frecuencia cardíaca acelerada. El hiperparatiroidismo (alta producción de la paratiroides) puede traer síntomas como debilidad, fatiga y depresión, además de problemas de fragilidad ósea.

No está del todo claro su aporte al entrenamiento de la fuerza, pero si se puede decir que, así como la testosterona es la más relevante para la adaptación a nivel estructural de la célula muscular como respuesta ante los entrenamientos de fuerza, las tiroideas lo son ante entrenamientos de resistencia aeróbica. Producen un incremento más marcado en el tamaño de las mitocondrias, el nivel más alto de la síntesis de proteínas mitocondriales se observa a las 24 horas posteriores al entrenamiento en las fibras lentas.

Como ya se mencionó, aceleran el metabolismo de todas las células corporales, entonces interviene en el metabolismo de las proteínas aumentando o disminuyendo la síntesis proteica. Cuando la concentración sanguínea de glucosa y ácidos grasos libres sea suficiente, aumenta la síntesis de las proteínas, pero si caen esos niveles las necesidades energéticas tendrán que ser cubiertas por el aporte de las proteínas con el consiguiente catabolismo proteico, que es acelerado por las hormonas tiroideas.

Promueven una mayor degradación del glucógeno muscular y hepático, y el aumento del ingreso de glucógeno al intestino. Estas hormonas favorecen la resíntesis de ATP por medio del sistema oxidativo (vía aeróbica) gracias a que propician una mayor absorción de oxígeno por parte de los tejidos.

El entrenamiento de la fuerza puede elevar los niveles de la T4 hasta un 30% y de la T3 un 15% aprox., con ejercicios aeróbicos de larga duración se alcanzan incrementos mayores.

Los ejercicios de resistencia aeróbica global son los más importantes en este caso. Entonces se debe procurar un volumen alto para alcanzar un gran gasto de energía, de esta manera la intensidad tendrá que ser mediana a baja.

Idealmente se deberían realizar entre 30’ a 60’, en forma continua o fraccionada a lo largo del día, con una frecuencia mínima de 3 veces por semana, aunque elevarla a 5 días sería mejor.

Paralelamente, se puede entrenar la fuerza con volúmenes medianos e intensidades mediana-altas (60%-80%), es decir 3-4 series de 8 a 12 repeticiones de ejercicios, preferentemente, multi-articulares. Cada grupo muscular debería ejercitarse con una frecuencia de 2 o 3 veces por semana. La duración de la sesión dependerá de la cantidad de ejercicios y como esté estructurada la rutina de entrenamiento semanal, no obstante no debería sobrepasar los 90’ aprox. El entrenamiento de fuerza también es importante ante niveles elevados de la hormona paratiroidea (producida por la glándula paratiroides, que se encuentra por detrás de la glándula tiroides) porque el hiperparatiroidismo promueve la osteopenia o descalcificación. Para evitar este problema, el entrenamiento de sobrecarga es fundamental debido a los beneficios que produce en el fortalecimiento de los huesos; la intensidad debe ser equivalente a 6-8 RM.

Si se consumen medicamentos para combatir el hipotiroidismo o el hipertiroidismo habrá que controlar la forma de ejercitarse debido al nivel de cansancio que pueden causar dichos medicamentos. Cierta medicación para el hipotiroidismo puede ocasionar taquicardia e hipertensión arterial, el ejercicio también, por lo tanto se debe tener un control de esto. También algunos medicamentos para el hipertiroidismo pueden alterar el ritmo cardíaco.

El Yoga es otra actividad recomendada porque estimula la secreción de las hormonas tiroideas y ayuda a regular los síntomas del hipertiroidismo.

Estrógeno

Es la principal hormona sexual femenina, cuya producción se produce en los ovarios, principalmente, en la placenta (embarazo) y en las glándulas adrenales, en poca cantidad. Su concentración más elevada se produce el día 14 del ciclo menstrual.

Los estrógenos principales, derivan de los andrógenos (hormonas sexuales masculinas), son el estradiol (obtenido de la testosterona), la estrona (obtenido de la androstendiona) y el estriol (obtenido a partir del estradiol y la estrona). Debe haber un equilibrio entre los niveles de testosterona y estrógeno. Ésta también puede ayudar en la formación de masa muscular y pérdida de grasa, si se mantiene ese equilibrio. Los estrógenos pueden causar “hinchazón” por la retención de líquidos causada por el incremento de la hormona aldosterona, debido a que ésta retiene el sodio. Pero como los estrógenos pueden reducir los receptores de insulina y su sensibilidad, esta regulación insulínica ayuda a reducir los niveles de grasa.

Estrógenos naturalesOtra forma de favorecer la pérdida de grasa es su acción inhibidora del aumento de una hormona llamada hormona controladora de melanina (HCM) que puede aumentar el apetito durante la dieta. También puede ayudar a disminuir el nivel de tejido adiposo, gracias a que incrementa la producción de la hormona del crecimiento, que recordamos tiene un gran poder como quemadora de grasas. Si se altera el equilibrio testosterona-estrógeno, las cosas pueden cambiar. Concentraciones muy elevadas de estrógenos van a ocasionar una disminución de masa muscular y un aumento de tejido adiposo. De la misma manera si se rompe el equilibrio debido a una concentración exagerada de testosterona, se convierte en estrógeno. Los adipocitos (células grasas) se encargará de la conversión de testosterona en estrógenos, aquellos con elevado porcentaje de tejido adiposo incrementa su peso corporal por una mayor acumulación de grasas.

Esta hormona reduce los niveles de testosterona (por eso las mujeres no pueden desarrollar tanto músculo). Si el nivel de grasa corporal es elevado también lo será la concentración de esta hormona. Influyen en el metabolismo de las grasas y el colesterol de la sangre.

Determinan la distribución de la grasa en el cuerpo, dándole a la mujer su silueta característica. El cuerpo femenino suele presentar mayor acumulación de grasa en la región de las caderas, muslos, senos y parte posterior del brazo. Gracias a la acción de los estrógenos los niveles de colesterol malo (LDL) y total se mantienen bajos e inducen la producción del colesterol bueno (HDL), esto hace menos propenso a que las mujeres sufran ataques coronarios. Es importante en la formación del colágeno, uno de los principales componentes del tejido conectivo, con lo cual tendones y ligamentos aumenta su resistencia estructural. Además de tener funciones en el metabolismo de las grasas, huesos, músculos, también influye sobre la pigmentación de la piel (especialmente en las áreas íntimas femeninas) y sobre el cerebro (en especial, la líbido). Quizás la acción más importante de esta hormona sea la de protección contra la osteoporosis, impidiendo la osteopenia (por pérdida de calcio, principalmente, fósforo y vitamina D), al contrarrestar los efectos de la hormona paratiroidea, ésta junto a otras hormonas promueve la fragilidad ósea. En la menopausia, período en el cual descienden los niveles de estrógeno, se puede sufrir osteoporosis (por pérdida de calcio del hueso), depresión y afecciones cardíacas (arteriosclerosis, ataque cardíaco). Las mujeres adolescentes, en el inicio de la pubertad, alcanzan el pico de producción de estrógeno, esto genera un impacto significativo en el crecimiento del cuerpo, los senos aumentan y el cuerpo empieza a acumular grasa.

Estos niveles se mantendrán constantes hasta los 40 años de edad aproximadamente, donde empieza a decaer. Para reducir este déficit, en la hipófisis se producen dos hormonas: la folículo estimulante (FSH) y la luteinizante (LH). En la fase en que el nivel de estrógenos alcanza su punto más alto es la ideal para llevar a cabo las sesiones de entrenamiento de mayor exigencia.

24 de octubre de 2016

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